Trasplantada, de nuevo en otra parte que no es la mía, otra parte porque no es mi parte, la parte que me tocó en suerte-suelo para vivir y plantar árboles, hijos y libros. Por ahora nada de eso -y se oye un tic tac de fondo-.
Volver a Buenos Aires es recuperar los olores de la infancia, es caminar hasta Freire y pararme frente a mi vieja casa de la cual sólo reconozco la vereda y el empedrado porque un portón negro jubiló para siempre las rejas y el zaguán, el pasillo y las baldosas que me llevaban al patio y la cocina de Wishita.
El Abasto me cobija de la melancolía por Colegiales.
Camino por aquí esquivando pozos, carteles y gente. Agosto, que en Bs.As es tango, acá es más tango que en cualquier lado, con sus frentes fileteados y los mediodías de radio, la abuela clavada en la 2 x 4 escuchando a Anselmo Marini, que con voz de guapo te aconseja :no te distraigas... La calle donde vivo es calle de polleras largas, medias y pelucas, mechones levíticos,sombreros y kipás, comida kosher y portones vigilados. Como dice un amigo "carterear no te van a carterear, a lo sumo te ponen una bomba".Que loco, todavía está el marco de la mampara del baño que la abue reemplazó por cortinas después de ese 18 de julio del 94, cuando se vinieron abajo casi todos los vidrios del departamento y supo fehacientemente hasta dónde lleva el odio.
Volver a Buenos Aires no es dejar mi casa, es llegar a la mía.
Y aunque sé que el asunto tiene fecha de vencimiento somos como esos viejos amantes que se encuentran cada tanto y se enredan con la pasión de la primera vez pero tienen el buen sentido de despedirse a tiempo, antes de que se acabe el deseo y llegue la rutina, quedándose con las ganas de un poco más -que les dura hasta la próxima vez-.Termino de garabatear estas palabras en el bar y me voy como dice Luca en su mañana de acá,"subte Línea B y yo me alejo más del cielo".
Mucho más.
Volver a Buenos Aires es recuperar los olores de la infancia, es caminar hasta Freire y pararme frente a mi vieja casa de la cual sólo reconozco la vereda y el empedrado porque un portón negro jubiló para siempre las rejas y el zaguán, el pasillo y las baldosas que me llevaban al patio y la cocina de Wishita.
El Abasto me cobija de la melancolía por Colegiales.
Camino por aquí esquivando pozos, carteles y gente. Agosto, que en Bs.As es tango, acá es más tango que en cualquier lado, con sus frentes fileteados y los mediodías de radio, la abuela clavada en la 2 x 4 escuchando a Anselmo Marini, que con voz de guapo te aconseja :no te distraigas... La calle donde vivo es calle de polleras largas, medias y pelucas, mechones levíticos,sombreros y kipás, comida kosher y portones vigilados. Como dice un amigo "carterear no te van a carterear, a lo sumo te ponen una bomba".Que loco, todavía está el marco de la mampara del baño que la abue reemplazó por cortinas después de ese 18 de julio del 94, cuando se vinieron abajo casi todos los vidrios del departamento y supo fehacientemente hasta dónde lleva el odio.
Volver a Buenos Aires no es dejar mi casa, es llegar a la mía.
Y aunque sé que el asunto tiene fecha de vencimiento somos como esos viejos amantes que se encuentran cada tanto y se enredan con la pasión de la primera vez pero tienen el buen sentido de despedirse a tiempo, antes de que se acabe el deseo y llegue la rutina, quedándose con las ganas de un poco más -que les dura hasta la próxima vez-.Termino de garabatear estas palabras en el bar y me voy como dice Luca en su mañana de acá,"subte Línea B y yo me alejo más del cielo".
Mucho más.
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